
CEO Arbórea Intellbird
Una de las claves del acusado crecimiento que experimenta actualmente la industria de generación fotovoltaica en relación a otras tecnologías de producción energética estriba en que la construcción de las plantas es simple, rápida y de coste contenido. A esto hay que unir el escaso presupuesto que se asocia desde un nivel contable a las partidas de mantenimiento. Si un panel solar se rompe, se cambia a coste muy bajo, tan bajo, que el montante difiere en más de tres órdenes de magnitud de la inversión requerida para la sustitución del rotor en un aerogenerador de
tamaño medio.
La eficiencia actual de los paneles solares propicia una ratio de costes/retorno que coloca a esta tecnología en posiciones ventajosas desde el punto de vista de la inversión.
Pese al buen pronóstico de la generación solar, asistimos en los últimos tiempos con preocupación a un aspecto negativo imprevisto: El anómalo volumen de incendios asociados a plantas fotovoltaicas que se vienen produciendo en los meses más cálidos.
Este fenómeno se ha transformado en un factor de riesgo de primera magnitud, que genera una notable preocupación en promotores, aseguradoras, inversores y reguladores. Esto está contribuyendo además a crear un indeseable alarma social sobre esta tecnología. A modo de ejemplo: La Comisión de California (CPUC) incrementó los requisitos de mitigación frente a incendios obligando a las utilities a presentar planes y reportes. La atención regulatoria en algunos lugares de Europa ha generado también mayor escrutinio sobre instalaciones eléctricas y su posible contribución a incendios incorporando obligaciones especificas tales como cortafuegos, mecanismos de extinción o políticas específicas de gestión de la vegetación. Esto parece ser un fenómeno en progresión.
Si analizamos los siniestros, encontraremos varios factores en común en ellos. De hecho, podríamos establecer tres parámetros básicos que se reproducen: Viento, temperatura cálida con baja humedad ambiental y presencia de vegetación seca.
El factor desencadenante mayoritario de los incendios fortuitos en plantas se relaciona con la presencia de puntos calientes y en menor proporción, con la presencia de maquinaria de desbroce tradicional. Esta genera chispas al impactar sobre terrenos pedregosos, generalmente de carácter silíceo.

La aparente falta de previsión del sector sobre este fenómeno podría explicarse considerando el alto nivel de seguridad teórico que aisladamente presentan los diversos componentes estructurales que conforman una planta fotovoltaica. Sin embargo, la recurrencia de los siniestros choca frontalmente con las previsiones iniciales. La explicación es sencilla; la gestión del riesgo es un proceso estadístico. Si bien la probabilidad de fallo de cada componente es baja, cuando la multiplicamos por los millones de unidades que componen una gran planta de generación fotovoltaica, el riesgo global de que se produzca un fallo crece hasta el 100%. Si, cuando esto suceda, que sucederá, hay vegetación seca en contacto con un punto caliente y se dan las condiciones climáticas adecuadas, el riesgo se habrá convertido en peligro. Tendremos un conato de incendio, nada fácil de extinguir si el viento y la vegetación seca se suman.
Por otra parte, la experiencia demuestra que los procesos de aparición de puntos calientes son continuos en una gran planta. Desde el punto de vista de la prevención, dado que el factor climatológico es imponderable, tendría sentido focalizar esfuerzos en dos direcciones de forma simultanea: Por un lado hacia la detección y control de puntos calientes y por otro hacia la
correcta gestión de la vegetación de riesgo.
El trabajo con la flora merece una consideración especial. Hemos de partir del entendimiento de que el suelo es una estructura viva, capaz de fijar una considerable proporción de CO2. Las roturaciones y compactados generalmente asociados a la construcción de un planta fotovoltaica son factores que afectan el terreno sustituyendo morfología original por otra más pobre, típica de ruderales. Adicionalmente, en las plantas solares se da un fenómeno curioso: La disposición alterna hileras de paneles con franjas de terreno, formando calles. Las estructuras actúan de barrera ante el movimiento natural de los llamados vegetales estepicursores, plantas habituales en los entornos de llanura que, al secar en verano, se desprenden del suelo por efecto del viento y ruedan dispersando sus semillas por el camino. Este proceso se ve bloqueado por las hileras de paneles contra las que estas plantas secas, altamente combustibles, se terminan acumulando. Un efecto secundario adverso, adicional en este proceso, es el hecho de que, al detenerse, concentran también sus semillas en la base de los paneles lo que multiplica su proliferación con la llegada de la primavera.
Los estepicursores tienen generalmente la capacidad de crecer más rápidamente que el resto de las especies vegetales de su entorno, dado que absorben el agua disponible en el terreno de forma más eficiente. El problema es que al perjudicar al resto de vegetales, afectan al suelo, fomentando su desertificación.
Hay una gran variedad de vegetales rodantes que aúnan carácter invasor, alta combustibilidad e inmunidad al pastoreo.
Entre ellos hay representantes de familias como Amaranthaceae, Amaryllidaceae, Asphodelaceae, Asteraceae, Asteroideae, Brassicaceae, Boraginaceae, Caryophyllaceae, Fabaceae, Lamiaceae, o Poaceae. Algunos ejemplos de géneros con estas estrategias estepicursoras son: Kali, Kochia, Dysphania, Corispermum, Amaranthus, Centaurea, Sisymbrium, Salsola, Bassia o Carrichtera.
Todo está relacionado
Si se realiza un desbroce tardío sobre plantas maduras, abandonando los restos sobre el terreno, las semillas ya formadas de estas malas hierbas quedarán nuevamente sembradas creciendo con mayor profusión en la siguiente primavera. Progresivamente se avanzará así hacia una invasión absoluta por este tipo de vegetación que, tras secar en verano y rodar por efecto del viento, se acumulará peligrosamente contra las estructuras con carga eléctrica. Este fenómeno ya resulta dramático en algunas plantas solares. Además, esta proliferación excesiva afectará al suelo que quedará desnudo, desprotegido frente a las lluvias de otoño lo que podrá generar daños por escorrentías en las zonas de ladera. Este fenómeno aumentará posteriormente el nivel de polvo en los paneles mermando su producción. Allá donde el polvo se acumule, generando zonas de sombreado denso sobre los paneles, se provocarán nuevos puntos calientes. En el caso de plantas solares dotadas de paneles bifaciales, el suelo desnudo, especialmente si el sustrato es oscuro, absorberá más energía lumínica reduciendo el rendimiento de los paneles frente al beneficioso efecto albedo que obtendríamos son una cubierta de vegetación basal corta y bien cuidada.
Otro pequeño imprevisto, peludo y mordisqueador…

Las semillas de muchos estepicursores u otras malas hierbas de rápida proliferación tales como muchos cardos, son un alimento de elección para algunos micromamíferos, por lo que, al aumentar la disponibilidad de semillas, aumentarán los ratones. Cuando la vegetación densa y espesa cubra las calles entre hileras de paneles, coincidiendo con la estacionalidad de los picos de reproducción de los roedores, estos estarán protegidos de la depredación natural que sufrirían en su entorno estepario. La espesura les mantendrá a salvo de rapaces diurnas y nocturnas. El resultado podrá conducir al aumento de daños en el cableado soterrado, dada la pasión que las vainas plásticas de los cables desatan en los ratones de campo. Estos los pelan en su incansable necesidad de roer para desgastar sus incisivos en continuo crecimiento. Los ratones aportan este material sintético a sus nidos dado que lo prefieren frente a la higroscópica paja, en un proceso cultural que recuerda a la evolución de los colchones humanos.
¡Por favor, que alguien se coma esto!
Ante la necesidad de establecer un control eficiente de esta vegetación transformada por acción antrópica; los gestores fotovoltaicos, en el ánimo de aumentar la sostenibilidad de sus instalaciones, reducir costes y riesgo de incendio, han pensado en la ganadería tradicional.
De entre las especies domésticas más habituales capaces de forrajear en los terrenos esteparios podríamos optar por ganado vacuno, caprino y ovino. La experiencia ha demostrado que las vacas tienden a restregarse contra las estructuras dañando las placas fotovoltaicas y sus soportes, dada la masa corporal que estos demandantes de masaje tienen.
En el caso de las cabras, su tamaño más contenido y la capacidad de masticar y metabolizar cualquier estructura de celulosa, por muy seca o dura que sea, podría teóricamente colocarlas en el podio de los gestores de vegetación en fotovoltaico. Podría, si no fuera por la arcaica e instintiva costumbre caprina de encaramarse a todo risco de su entorno para, escuchando la llamada de sus genes, otear el horizonte. Hay sabiduría en el viejo dicho español: “La cabra tira al monte”. Las estructuras cristalinas de la superficie de los paneles, ya muy aligeradas y abaratadas, no resisten el embite de las pezuñas. Los daños son inmediatos y cuantiosos y llevan irremediablemente a aquello que se busca evitar: El incendio por punto caliente.
El círculo de los ungulados domésticos se va estrechando y finalmente nos conduce a la pacífica oveja. El nulo afán alpinista de estas gregarias lanudas las propone, a priori, como potenciales candidatos para el control estacional de la vegetación de un parque fotovoltaico.

Sin embargo, esto no es del todo cierto, o al menos no lo es en determinados entornos. De hecho, por todo lo que se argumentará a continuación, la aplicación de ovejas como único recurso a la gestión de vegetación de plantas fotovoltaicas en determinadas zonas, es un proceso que podría ejemplificar la fatídica ley de Murphy.
Vemos por que: El pastoreo continuo fomenta algunos problemas. Las ovejas, tal como ha sido bien documentado por múltiples estudios al respecto, son selectivas con la alimentación. Suelen preferir ramonear en la vegetación basal antes de atacar las plantas más espinosas, cerosas, coriáceas o ricas en alcaloides, u otros compuestos orgánicos de difícil digestión. Es el caso de muchos de los problemáticos y ya mencionados estepicursores.
Lo cierto es que lejos de comerse todo los verde, muchos herbívoros actúan con patrones selectivos. Como ejemplo de esto puedo compartir mi experiencia directa: Hace algunos años, introduje en el césped de mi jardín un extenso grupo de Cobayas de origen doméstico, en la esperanza de que me ahorraran el trabajo de cortar el césped. Al cabo de pocos meses, estas simpáticas criaturillas del altiplano andino habían erradicado las gramíneas destruyendo completamente el césped y facilitado la proliferación de una especie invasora, el mastuerzo del género Cardamine, cuyo sabor en extremo amargo les resultaba desagradable. El resultado fue una completa y desastrosa transformación del entorno. La mala hierba pasó de ser apenas perceptible a absolutamente dominante. El jardín, tras la salida de estos pequeños gourmets tardó casi tres temporadas en recuperarse.
Forrajeo selectivo…
La selectividad alimentaria en ovinos está determinada por factores anatómicos, fisiológicos y comportamentales. Las ovejas poseen incisivos inferiores estrechos y gran precisión de mordida, lo que les permite el ramoneo selectivo de tallos jóvenes, hojas tiernas, todo ello en especies de porte bajo.
La oveja muestra una notable selectividad alimentaria, superior a la del ganado vacuno, que pueden influir profundamente en la estructura y composición de los ecosistemas donde pasta. No es un simple consumidor pasivo, es un agente transformador de los ecosistemas. Su selección de unas especies vegetales frente a otras tiene consecuencias relevantes, desde la proliferación de las especies evitadas hasta la modificación del ciclo de nutrientes del suelo. Las ovejas ejercen presión selectiva sobre la vegetación mediante la ingestión diferencial de especies, el pisoteo, la redistribución espacial de nutrientes y la alteración de los ciclos de regeneración de la comunidad vegetal.

La selección de especies alimento se basa en factores como palatabilidad, contenido nutricional, presencia de compuestos defensivos como alcaloides o difícilmente digestibles como terpenos, textura, fenología y aprendizaje previo. Sobre el terreno, las ovejas pueden seleccionar especies concretas mientras evitan sistemáticamente otras, aunque estén disponibles en mayor abundancia.
Los estudios de campo que comparan especies presentes vs. especies consumidas ofrecen la evidencia más directa. Hay ejemplos muy bien documentados como el caso de Euphorbia esula. Los ovinos la consumen en cantidades muy inferiores a su disponibilidad, atribuyéndose esta evitación a sus compuestos irritantes y a su baja palatabilidad. Otros análisis experimentales, demuestran que las ovejas emplean una evaluación compleja del alimento, posiblemente combinando señales químicas, texturales y experiencias previas.
Los estudios de exclusión de pastoreo y los monitoreos prolongados de pastizales naturales revelan que las especies palatables y nutritivas tienden a reducirse bajo presión de pastoreo, mientras que las espinosas o tóxicas tienden a persistir o incluso a aumentar. Esto afecta la dinámica vegetal a medio y largo plazo en el entorno.
En las plantas fotovoltaicas proliferan plantas problemáticas que son evitadas por los rumiantes al contener sustancias de difícil digestión como por ejemplo Dittrichia, tan común en fotovoltaico en regiones mediterráneas. También es habitual la colonización por especies espinosas despreciadas en el forrajeo como el altamente combustible: Silybum marianum y otros cardos como los géneros Cirsium, Onopordum, Eryngium. También algunas plantas asteráceas y quenopodiáceas, son buenos ejemplos.
Estas especies acabarán prosperando en plantas fotovoltaicas pastadas, ya que reciben una presión menor que otros vegetales. El forrajeo sobre el resto de la vegetación libera espacio, lo que potencia progresivamente la dominancia de estas especies no deseables.
Abonando lo que no queremos que crezca…
Por otra parte, los rebaños de ovejas no influyen en la vegetación únicamente mediante la selección de unas especies frente a otras; también modifican la fertilidad del suelo, especialmente en las zonas donde se concentran para descansar o refugiarse. Es el caso de los espacios bajo panel en las plantas solares, donde las ovejas se refugian en los tórridos veranos en busca de sombra. En estos puntos, las ovejas generan concentraciones altas de orina y heces, lo que produce un aumento notable del nitrógeno biodisponible. Este fenómeno es bien conocido en ecología de pastizales: estos puntos pueden funcionar como “islas de fertilidad”.
La concentración de purines favorece a las especies nitrófilas, muchas de las cuales ya son de por sí poco consumidas por las ovejas, completando así un círculo ecológico donde la presencia del ganado estimula su proliferación y refuerza su presencia en el paisaje y lo hacen precisamente donde es más difícil controlarlas, bajo los paneles.
Entre las especies más comunes en ambientes enriquecidos en nitrógeno podemos citar como ejemplo típico el problemático y ya citado cardo mariano Silybum marianum que prolifera en suelos enriquecidos por actividad ganadera y ruderales, Una vez seco, es funcionalmente una yesca perfecta.
¿Qué más puede salir mal?
Lo cierto es que además de lo analizado, si las planta fotovoltaica cuenta con estructuras de cableado colgante bajo los paneles, o cableados en soportes con grapas, e introducimos ovejas en la infraestructura, podremos padecer periódicamente la visión esperpéntica de ejemplares electrocutados al ramonear el cableado. Además del trágico e innecesario final para nuestro colaborador animal, tendremos un riesgo de caída de strings. No sería descabellado aplicar algunos criterios PRL también a la circulación de rebaños ovinos en determinadas plantas con estructuras de riesgo. Como norma general creo que un buen principio podría ser no liberar ovejas en aquellas plantas en las que, por su diseño, no nos encontraríamos cómodos llevando de visita a un grupo de escolares.
Por otra parte, desde el enfoque del bienestar animal, hay otro aspecto a considerar antes de decidir mantener intensivamente un rebaño de ovejas en una planta fotovoltaica: aquellas instalaciones construidas en páramos sin sombra, en latitudes con estación cálida, las ovejas se verán sometidas al calor asfixiante que se desprende de los paneles en las horas más cálidas del día si estos constituyen la única sombra disponible.
El desbroce como alternativa
Algunas plantas han de cambiar cada año cientos de paneles dañados por la proyección de pequeñas piedras asociadas a los procesos de desbroce con hilos o discos rotatorios.

En otros casos se producen roturas por impacto directo de los aperos con martillos de corte anclados a pesados tractores. Además del coste de sustitución de placas fotovoltaicas hemos de sumar los incrementos de riesgos de incendio al aparecer muchos puntos calientes asociados a estos pequeños daños, no siempre detectables de manera sencilla por los operarios de la planta. También se han reportado incendios al emplear cuchillas de acero para el desbroce en momentos cálidos y secos en terrenos con presencia de rocas silíceos. La maquinaria pesada . Además afectará al suelo compactándolo. Actualmente existen sistemas de desbroce mecánico seguros, libres de proyección de piedras o de generación de chispas.
Un buen enfoque de gestión consiste en diseñar un conjunto de medidas de control de vegetación específica para cada planta empleando diferentes herramientas. Un ejemplo podrían ser, para el entorno mediterráneo el empleo combinado de sesiones ligeras de pastoreo trashumante en los inicios de la primavera con sistemas permanentes de desbroce mecánico autónomo o asistido que no proyecten partículas ni generen chispas.
REFERENCIAS
Autor
Carlos Bernabéu es fundador y director general de la compañía Arbórea Intellbird, responsable de los programas de gestión de fotovoltaica con el robot autónomo Antecursor o inspección digital eólica con la plataforma Aracnocóptero. Premio Cum Laude de tecnología por la Universidad de Salamanca Alumnni y autor de 32 patentes tecnológicas. Con anterioridad ha desempeñado labores profesionales en el ámbito de la gestión ambiental como responsable de centros de recuperación o interpretación de fauna, Educación Ambiental, así como programas internacionales de manejo de fauna. Alpinista, pescador submarino en apnea, cazador con arco y halconero con treinta y cinco años de experiencia, participó en el proceso de declaración de la cetrería como patrimonio intangible de la Humanidad por UNESCO.